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domingo, junio 13, 2010

Imágenes de la flotilla de ayuda a Gaza

Israel sigue comportándose como un alumno aventajado de las peores dictaduras de la Historia. Israel alega que es la única democracia de Oriente Medio: hacia sus ciudadanos; hacia el resto del mundo no le importa aplicar técnicas genocidas.

martes, enero 19, 2010

Viajar en el mundo pre-internet 5

Shkoder. Ciudad desconocida de la Europa desconocida. Albania. En el mundo pre-intenet la información llegaba a través el periódico impreso. Y de Albania apenas un par de artículos al año. Nada alentadores por cierto. Ni que decir tiene que tampoco era fácil encontrar información práctica de cómo llegar, dónde dormir, cuánto costaban los viajes, la comida... nada. Y con apenas 700 Euros (unas 115.000 pesetas de la época) para entrar y salir de Albania, cruzar Bulgaria y Rumanía para llegar a Budapest (no en vano este dinero no me llegó para tanto y tuve que volver desde Hungría hasta España haciendo auto-stop).
Albania estaba dividida en dos. Los albaneses del norte, simpatizantes de Sali Berisha (el gobernante y principal responsable de que Albania sufriera uno de los peores caos económicos de su Historia) y también simpatizantes de los albaneses de Kosovo de los cuales se encontraban a un tiro de piedra y a los que les unían a menudo fuertes lazos familiares. Los albaneses del sur, simpatizantes de Fatos Nano, el por entones (1998) presidente y que veían en el problema de Kosovo, una cuestión un tanto alejada que sólo les podría traer problemas. Shkoder estaba en manos de Berisha. Las pintadas en las calles en contra de Nano y la actitud de la población en favor de los albano-kosovares dejaba ver que Kosovo desestabilizaría aún más Albania.
Shkoder respiraba tranquilidad a excepción de la caída de la noche en la que se oían insistentes disparos en la oscuridad y de los cuales nadie daba razón alguna (como si de un pacto de silencio se tratara). Las calles todavía alojaban coches quemados y abandonados fruto de las intensas revueltas del año 1997 en las que Albania había vuelto a caer en el abismo. Con la caída del comunismo la población se emborrachó de capitalismo y los intereses de hasta el 100% que prometían algunos de los bancos recién instalados en el país despertaban pocas sospechas... hasta que el sistema quebró y muchos albaneses vieron desaparecer los escasos ahorros de toda una vida entre engranajes incomprensibles de hiper-especulación. No quedó ni un sólo preso en las cárceles asaltadas, los mayoría de los bancos fueron saqueados e incendiados y las autoridades gubernamentales (desde los ayuntamientos hasta la policía) desaparecieron de la escena pública y de las calles.
Llevaban un año viviendo la ley del más fuerte. Las armas de las comisarías de policía estaban ahora en manos de la población y eran también desviadas hacia el germen de la guerrilla de la UÇK. Los mascarones negruzcos de las llamas se veían en los ojos vacíos de las ventanas de los edificios públicos y cada albanés se buscaba la vida como podía.
En medio de una parte abandonada de un país abandonado a su suerte dí el salto hacia el noreste albanés, desde donde llegaban noticias poco tranquilizadoras: los refugiados de Kosovo hacían entrada en el país y apenas había comunicación con Tropojë el pueblo donde se sumaban los problemas albaneses con los de Kosovo, a escasos 6 kilómetros de la frontera con los restos de Yugoeslavia. La suerte estaba echada: una furgoneta ya me llevaba hasta allí cruzando el sur de los Balcanes entre refugiados que huían del lugar al que yo me dirigía.

domingo, septiembre 06, 2009

Estar cerca no es suficiente 4

Avanzábamos kilómetros lentamente, esquivando baches, auténticas lagunas que hacían que la furgoneta se hundiera hasta mitad de rueda; caía la alegría y la conversación. La noche se echaba encima y el ánimo de los pasajeros se esfumaba y el ambiente se hacía más tenso. Las últimas noticias de asaltos en las carreteras albanesas no tranquilizaban en absoluto.
La oscuridad obligaba a encender las luces de la furgoneta y comenzamos a oir algunos disparos a lo lejos. Todo formaba parte del escenario cotidiano albanés de finales de los noventa y mis compañeros de viaje lo sabían: la noche daba paso a un país sin ley. Sólo se oían los incesantes crujidos de la furgoneta, las piedras golpeando sus bajos; para romper el inquietante ruido del silencio, Nikola, el conductor, me preguntó a través de un funcionario del Ministerio de Agricultura que viajaba con nosotros dónde me iba a alojar en Shkoder. Le respondí que en el Grand Europa, un hotel que, sin duda, estaba al alcance de mis escasas posibilidades económicas pero que por lo menos parecía ser una de las pocas opciones de la ciudad. Nikola, sin ganas de discutir, dio por sentado que me alojaría en su casa; a pesar de mis corteses negativas, Nikola evitó la discusión y me dijo que sería el último a quien dejaría al llegar a Shkoder y que mi destino sería su casa.
Eran las nueve de la noche pasadas cuando las luces de su furgoneta alumbraron la oscuridad de la calle embarrada donde se situaba el domicilio de mi anfitrión. Y entre el sonido lejano de disparos entré en un pequeño cubículo de la vida albanesa.
Sin embargo llegar a Shkoder no era suficiente; mi intención era partir hacia Tropojë, en el noreste albanés, a pesar de las advertencias de los propios albaneses de "very dangerous, very dangerous, don't go, don't go." y de las noticias de llegada de refugiados de Kosovo y de parte de la guerrilla de la UÇK.

miércoles, agosto 12, 2009

Hacia la boca del lobo 3

Tengo una forma de viajar: ir siempre al lugar más lejano para que, cuando surjan las dificultades, estar ya de vuelta y lo más cerca de la puerta de salida. De esta manera creí más conveniente viajar sin paradas hasta las montañas que separan Albania de Kosovo para luego regresar poco a poco.
El aeropuerto de Rinas, el más importante de Albania (por no decir el único) engalanaba su pista de aterrizaje con el único avión de que disponían las líneas aéreas albanesas. Casi todo eran vuelos de la griega Olympic. Aviones de hélices de apenas 40 pasajeros. Negocios y visitas a familiares de albaneses que habían huido de la pesadilla que constituía su país. Y un 'gazetar' español con chaleco de pescador y la determinación de cruzar la frontera de albano-yugoeslava.
A falta de las clásicas cintas transportadoras los equipajes se distribuían a voz en grito por un empleado de la terminal que alzaba las maletas y los brazos para ofrecer los bultos a los pasajeros.
Un viejo Golf me hizo las veces de taxi. Imposible entendernos excepto por sus palabras de "shum, shum, army" señalando los soldados del ejército apostados en las orillas de la carretera que unía el aeropuerto con Tirana. Le hice señas para que me llevara a algún lugar desde el que viajar a Shkoder, la ciudad más importante del norte de Albania.
Me presentó a Nikola, un albanés de camiseta desgarrada, barba de dos días y maneras rudas. Subí a la furgoneta que se desmontaba por las despiadadas carreteras albanesas en una costumbre que luego conocería en todo Oriente Medio: en Turquía se les llama Dolmus y en Israel, Sherut.
La incomodidad no era problema para mí, un chaval de escasos 27 años. Los problemas eran otros: apenas cerrar el portón a las 5 de la tarde Nikola anunciaba que debíamos darnos prisa: los apenas 120 kilómetros que separan las dos ciudades no se recorren en menos de 3 horas y media y conforme anochece se cierne sobre Albania la ley de la selva y de los bandoleros de caminos; es la versión albanesa de nuestro siglo XVII. Viajar por Albania era echar la moneda al aire en el juego del pillaje y el asalto. Hacerse de noche en Albania era entrar en la incierta boca del lobo.

Entrada a Albania 2

Apenas unos lekes en el bolsillo, la moneda oficial albanesa, unos números de teléfono de un conocido de un amigo que había viajado allí un par de veces y una bolsa de deporte Nike de colores discretos. Un billete de avión de Politours gracias a Marisa, la gerente de la agencia de viajes, y dos cámaras fotográficas con unos cuantos carretes. No me gusta viajar con mucho equipaje.
Siempre hay tiempo para arrepentirse pensé al subirme al avión de Olympic Airways que salió con 5 horas de retraso. Madrid-Atenas. Con la demora, llegué al aeropuerto del Pireo de noche y sin ganas de buscar hotel. Asomarse fuera del aeropuerto era aspirar el aroma mediterráneo del mar y leer una inscripción que alentaba a los serbios a mantener Kosovo bajo su gobierno. Albaneses y griegos: mala relación; serbios y albaneses: mala convivencia; ya se sabe: el enemigo de tu enemigo es tu amigo.
Cuando al día siguiente esperaba en la sala a que saliera anunciado el avión para Tirana me vinieron a la mente todas las imágenes que guardaba del país en el que me adentraría: unos meses antes, el capitalismo a la albanesa había hecho estallar el país, los humildes inversores prendiendo fuego a los bancos que les habían estafado, la policía incapaz de detener las revueltas o uniéndose a ellas, las prisiones sin un solo preso a quien vigilar, un gobierno derrocado, infraestructuras inutilizadas y una falta total de noticias de lo que no fuera la capital.
Allí aterricé a las dos de la tarde de un verano de 1998.

Viaje a Albania 1

En 1998 apenas había nacido Internet a nivel popular. Yo sólo tenía conexión en la Universidad y a una velocidad parecida a la que tendrías con una conexión de teléfono de la que hace bibp, trriiiiiit, y ruidos parecidos al conectarte.
Con estas premisas irte a Albania era caer en lo desconocido. ¿Qué libros contaban algo de aquel país? Pequeñas referencias, algún artículo, pero coger una bolsa de viaje y un par de calzoncillos para irte a la zona más peligrosa del país más pobre de Europa iba un trecho. Además, con mis bolsillos vacíos, tanto que tuve que volver desde la vecina Hungría haciendo auto-stop hasta Huesca, mi ciudad natal. Sólo años después encontraría, gracias al dios Internet, varios libros, documentales, etc. que me contarían cosas sobre Albania pero ya era tarde, ya me la había jugado viajando a la puerta trasera del viejo continente.
Los próximos artículos narraré esta odisea que descubre algunas claves del conflicto albano-kosovar.

Por puro egoísmo.

Escribir un blog es un acto de puro egoísmo. Como dije en el anterior artículo: primero fueron los curas, después los psicoanalistas y ahora los blogs. Siempre tienes la necesidad de echar tus demonios fuera y lo haces en otra persona; el ciberespacio lo único que hace es multiplicar los receptores de tus demonios.
En el año 2005, cuando comencé este blog, ya había hecho mi pequeña incursión a los infiernos. En 1998 había viajado a la frontera albano-yugoeslava, cuando la crisis de Kosovo no tenía marcha atrás, en 2001 visité Palestina, a los pocos meses de comenzar la Segunda Intifada, en 2002 llegué a la frontera turco-iraní para hacer un reportaje sobre los refugiados que allí llegaban desde Afganistán, Irán e Iraq; y en 2004 viajé al Iraq post-Saddam.
La razón de todos estos viajes: cambiar mis vacaciones estilo Salou para mirar al mundo directamente a los ojos. La sorpresa: que lo que yo ví a nadie le interesaba. Y no son otros mundos, no son lugares lejanos... un avión y ya está, una patera y ya está, un barco cargado de albaneses y ya está. De ahí la razón de este blog: echar los demonios fuera, hacer lo que cualquier periodista debe hacer desde que el mundo es mundo: contar lo que ve. Habrá otros artículos con otros temas pero el origen de este blog está allí.

viernes, agosto 07, 2009

Aquí está uno para lo que se le ofrezca.

Cuando creas un blog sientes que no tienes ninguna responsabilidad con la gente que te lee, que te escucha. Tienes la sensación de que lanzas algo al aire, al vacío, y allí cae, sin hacer ruido, sin que a nadie le afecte.
Abrí este blog hace unos 4 años con esa misma sensación. Y hoy, de pronto, leo un correo de una internauta que se interesa por lo que escribo. Es como aterrizar en paracaídas en la provincia más remota de China: el pulpo en el garage. Miras, lees y relees el correo una y otra vez y piensas que puede ser un inteligente spam que terminará anunciándote que ya es verano en El Corte Inglés o que porqué todavía no te has aprovechado del plan renove. Pero no, hay alguien ahí fuera.
Te hace pensar y te das cuenta que, aunque no cobres ni tengas intención de hacerlo por lo que escribes, tienes cierta responsabilidad con personas con las que conectas. Hay alguien ahí fuera.
Será la rutina, el tener ya una niña pequeña, el no tener tiempo cuando, es una paradoja, lo único que es la vida es tiempo: se acabó el tiempo, se acabó la vida
No me gusta prometer (es como las promesas de Año Nuevo, un cúmulo de intenciones) pero un simple mail será un impulso para seguir contando viajes, anécdotas, cosas que uno cree que debe anunciar al mundo... Antes teníamos al cura, después al psicólogo y ahora tenemos el blog: psicoanálisis de ida y vuelta para intentar mejorar nuestras maltrechas desorientaciones.

martes, abril 21, 2009

jueves, marzo 05, 2009

Cosas bien hechas

Vale, es frívolo (en comparación con los contenidos que suelo meter en este blog), informal... pero las cosas, cuando están bien hechas, hay que reconocerlas. Ahí va un vídeo de una campaña contra el ruido, que es una pequeña obra maestra.